Una chinita nomás

NO LO HAGAS RYAN II

....Aquella tarde de verano, la luz del sol estaba en su máximo esplendor. Era el día perfecto para seguir dibujando a esa cabaña vieja con el veterano hombre en su silla mecedora acompañado por su fiel amigo, un perro mestizo. Mariana, llevaba cerca de media hora sentada bajo un árbol que la cuidaba de los reflejos del sol. Cuando de pronto, una pelota encuerada amarilla pasa cerca a ella y derriba sus implementos de dibujo. Levanta la mirada y escucha correr a una persona. No le tomó importancia y se concentró nuevamente.

- Disculpa.

- No te preocupes.- Contestó Mariana.

El muchacho alto, de voz seria, cabello corto y vestido con bermudas negras, polo rojo y zapatillas del mismo color, caminó unos cortos pasos, pero regresó donde estaba sentada Mariana. Se detuvo en frente de ella y le dijo.

- Creo que debo recoger tus cosas. Lo siento.

- ¡Ah! Sí, te olvidaste, pero no importa. - Respondió Mariana, sin levantar la mirada que tenía puesta en su dibujo.

- ¡Ya está! -Dijo el muchacho, luego de recoger un portador de lápices y algunos pinceles.

- Gracias.

- De nada... Ehmmm... ¿Qué pintas? ¿No tienes calor?- Preguntó, mientras se rascaba la cabeza.

- No tienes que ser amistoso, si no quieres. -Y levantó su mirada, la impregnó en los ojos marrones del muchacho de metro ochenta. Lo dedujo con tan solo un vistazo de arriba hacia abajo. Y bajó su cuaderno hacia sus rodillas.

-No... Sí... Bueno... No, no - Perplejo por la belleza de Mariana, el joven deportista no sabía que decir. Finalmente lo logró. - No, ¿Cómo crees? Solo quise saber.

Mariana, a primera vista, se detuvo a observar los rasgos hermosos del rostro varonil. Pero el arete que llevaba en una de sus orejas, hizo que rápidamente baje su cabeza, era el reflejo del sol, que apuntó en sus ojos.

- ¡Oh, disculpa! ¿Me muevo? ¿O me saco el diamante? – dijo sonriendo

- No es necesario. No te preocupes.

- Me llamo Ryan, pero “la gente” me conoce como “El chico” – dijo entre risas- es por mi pequeña estatura – No dejaba de reírse.

- ¡Ah! Hola, yo soy Ma… Mariana. –Respondió sonriendo tímidamente, colocando su cuaderno por encima de su frente, para ocultarse de los rayos solares.

- ¡Mariana! Bonito nombre. Déjame decirte que tienes unos preciosos ojos. ¿Ahora sí me enseñas tus pinturas?

- Son dibujos. Y bueno, está bien, míralos.

Ryan se sentó a su costado, cual confianza ganada, y cogió el cuaderno. Comenzó a ojear, asombrado por las ilustraciones de Mariana.

-¡Ryan! ¡Chiquillo! ¡Ryan! - Se escuchaba a lo lejos a un grupo de muchachos vestidos en ropa deportiva. -¡Apúrate! ¿Qué haces?

- Creo que te llaman, Ryan. -Habló Mariana

- ¿A mí? … No… no creo. –Respondía Ryan, excitado por los preciosos dibujos de Mariana, mientras los miraba de diferentes ángulos.

- ¿Alguien más se llama Ryan? –Sonrió Mariana

- ¡Ah, sí! Espérame un ratito, no te vayas por favor, Mariana. ¿Mariana, cierto? Ryan se paraba y entregaba el cuaderno.

- Sí, Mariana. No te preocupes, no me iré… aún. -Se quedó hablando sola

- “Ya no voy a jugar, me voy, estoy apurado, mañana, mañana a las cuatro en punto en la bodega de “El viejo Ramón, lleven la pelota”. –Logró escuchar Mariana, a un Ryan tan emocionado, y al mismo tiempo oía sus pasos, apenas se acercaba corriendo.

- Ya ahora sí, Mariana...

Esa tarde de febrero fue destinado. Hablaron de sus gustos en común, anécdotas divertidas, metas a futuro, lo que anhelaban, lo que extrañaban, lo que amaban. A pesar de que el día se pasó rápido, a diferencia de los otros,  Mariana no olvidó a Luchita.

- Me tengo que ir, Ryan. Tengo que ver a Luchita, mi abuela.

- Te acompaño, quiero conocerla.

- No creo, que sea buena idea. Recién nos conocemos.

- Al menos hasta la puerta de tu casa.

Mariana asintió gratamente, había algo de Ryan, que a primera impresión le encantó. Su capacidad de establecer conversaciones largas y con sentido del humor, lo hacían de por sí, un chico atractivo.

Mientras llegaban a la casa de Mariana, Ryan cargaba el cuaderno y el portador de lápices, y repetía lo increíble que era aquel dibujo de la madre morena, quien daba de lactar a su pequeñito en los asientos del parque.

- Espero que no sea la última vez que conversemos Mari. -Le dijo Ryan, entregándole sus pertenencias.

- Espero que no, Ryan. - Mariana contestó tímidamente.

Ryan se acercó y la besó en su frente. -Cuídate y saluda a Luchita, dile que la quiero conocer- Se alejaba.

...Continuará...

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: