Mi amiga "Anna"

Escrito por MAYRAANGELABR 01-03-2016 en Mi amiga Anna. Comentarios (0)

Los nombres principales han sido cambiados.

Empezaba un nuevo ciclo en la universidad, segundo, para ser más exacta, luego de haber pasado dos largos años de estar “desintoxicada” de los estudios. Me cambié al turno de la mañana, ya que si seguía en la tarde, no tendría tiempo para poder cuidar a mi bebé, de tan solo seis meses.

Mi última clase de la semana, “Redacción Universitaria”, me aburría, pues no conocía a nadie en esa aula. Para mi suerte, como suele pasar, el profesor a cargo pidió que formáramos grupo de tres personas.

No sabía con quién hacerlo, pues todos se conocían. Miré hacia atrás y vi a una chica de cabello rubio, quien buscaba con la vista a alguien que se uniera a ella. Nuestras miradas se cruzaron y hablamos telepáticamente. ¡Bien! Solo me faltaba una más. Entre tanta gente alborotada, también observé a una jovencita de tez trigueña, llevaba puesto pantalones anchos, un polo multicolores muy corto, cabellera larga, ondeada y negra, estatura mediana; pero lo que más resaltaba de ella, eran sus labios pintados de color rojo carmesí.

Ella se encontraba sentada, esperando a que algún compañero la integre a su equipo. No le presté tanta atención porque en la mitad de la clase discutió con otra participante por un tema que el profesor dictaba, pues cada una defendía su punto de vista con buenos argumentos; sin embargo, su “vocabulario” la ayudó a vencerla sin derecho a réplica.

El profesor nos preguntó a Sharon y a mí, si teníamos el equipo completo, a lo que respondimos negativamente. Él, muy ofuscado, alzó su voz y cuestionó: “¡¿Quién no tiene grupo?!”. La joven de los labios rojo carmesí, respondió. – “Yo”. Así que completé mi agrupación. No me quedaba de otra.

“Me llamo Anna”, – dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Sharon y yo nos presentamos. Nos paramos ante el pizarrón para escoger nuestro tema, el cual expondríamos a fin de ciclo. Inmediatamente, sentí que mi hombro izquierdo caía con tanta fuerza, la razón era que se colgó de nosotras “para entrar en confianza”.

Le gustaba cantar hip hop, rap, ese era su onda. Y a primera vista, era idéntica a Amy Winehouse. Cuando la escuché por primera vez, me dije “Talentazo” ¡Qué hermoso cantaba! Tenía un estilo propio, cautivador. No quería dejar de escucharla. El sonido y tono de su voz, enamoraba a todo aquel que la escuchaba cantar. Que diferencia era al escucharla hablar y cuando se detenía a entonar sus canciones personales.

Para ser sincera, nuestro trabajo, estaba hecho un asco.

No sé qué pasó, qué ocurrió, cómo sucedió, pero la monografía, mejor dicho, la media monografía, estaba lista… ¡Gracias a Dios! Sharito y yo estábamos listas,  vestidas en sastre, esperando que ella llegue con la memoria “flash” para poder presentar las diapositivas.  Con lo poco que había estudiado, me sentía preparada. Igual tenía que salvar mi nota.

Pasaron las horas 8:00 am, 9:00 a.m., 10:00 a.m., 11:00 a.m., 11:30 a.m.

Por fin, llegó. No nos quedó de otra que rogar al profesor puesto que éramos el primer grupo en exponer, pero no quiso, perdimos el curso. Me sentí tan mal, tenía cargo de conciencia. No podía explicárselo a mis padres. Era un curso. Un curso que me tendría que costar. A esas alturas de mi vida, la plata era lo que menos quería desperdiciar.

Como era de esperarlo, lo llevé el siguiente ciclo de nuevo. ¡Qué aburrido! Felizmente, me tocó una profesora tan especial, Anshela Vargas. Pero no todo era especial, para mi sorpresa… Anna también estaba conmigo, en el mismo salón de clases.

Recibí una llamada de Sharito, quien me anunciaba que se cambió de universidad, pero entre tanto palabreo, me dijo lo peor: “Amiga, la mamá de Anna ha fallecido”. En ese momento, sentí que mi corazón se partió y se lo entregué a aquella chica de mirada perdida. Ante lo sucedido, concluimos que esa fue la razón de su conducta en clases.

—“Hola, causa, somos este ciclo pe”. —Me sorprendió la chica diferente detrás de mí. — Me dije silenciosamente: “Ni en broma” y atiné a sonreír.

“Lo siento, enserio, he tenido muchísimos problemas, por eso que estaba en otras, mi mamá murió y… son situaciones que pasan, estoy bien, con ganas de estudiar. Por favor, tienes que aceptarme en tu grupo”. Así que le creí.

En el transcurso del ciclo, volvió a decaer, sentía que iba a repetirse la misma historia. Tenía que tomarme un suspiro, ya que en mi vida personal también habitaban los problemas. En mi cabeza se formaban enredados pensamiento de no saber qué hacer con las cosas.

Un día, llegó y, como de costumbre, se acomodó un asiento tras de mí. Volteé para saludarla y estaba cabizbaja, escuchando música con los audífonos puestos. La moví, jalé su cabellera, se levantó y comenzó a reírse, pero sus ojos rojos la delataron; además, no soporté ese “tufo”, estaba completamente “locaza”.

“Por favor, cómprame chocolate, para que se me baje”. La profesora estaba por entrar, salí y le traje unas “Pícaras”.

“Lo único que encontré” —le dije.

“Gracias, te quiero” —respondió.

Ya me había asegurado y hablé con la profesora que sola asumía la responsabilidad de la monografía.

La semana siguiente, encontré la nuevamente melancólica en el último asiento. Me senté a su lado, preguntándole qué pasaba. Me contó, brevemente su vida.

— “Me están buscando” —comenzó. — “Si te contara por qué, te sorprenderías. Provengo de una familia con muchos problemas”.— “¿Sabes porque murió mi mamá?”

— “Sí, estaba enferma” —respondí convencida.

— “No. Tengo un hermano que está preso. Mi mamá murió por los disparos que le propinaron ante un ajuste de cuentas, cuyo culpable era mi hermano. Ella participó de esta organización, pero salió hace años y se entregó a Cristo; sin embargo, obligada tenía que seguir en ese mundo. La verdad, yo quiero cambiar, salir adelante a través de mis estudios, pero no puedo. Inclusive, ahora me están buscando. ¿No has leído las noticias? Mi hermano mandó a matar al papá de quien asesinó a mi mamá. Por eso, debo irme de aquí lo más rápido posible. Hace unos meses, le rozó una bala a mi papá, solo sé que si le pasa “algo”, me muero, “chola”. Además, tengo un chico muy lindo a mi lado, Enzo, a quien amo con todo mi ser, por eso, no sé si contarle esto. Algún día lo sabrá, mejor que se entere por mí que por los diarios, y me vea muerta. Gracias por escucharme, tenía que desahogarme”.

Me quedé con la boca abierta y solo atiné a decirle: “Busca lo mejor para ti y aléjate de eso. Espero que te vaya bien, te extrañaré”. En realidad, es buena persona, solo que nació en medio de la familia equivocada.

Pasó el tiempo, yo aprobé mi curso, por fin. Llevarlo una vez más, me frustraría. Era el curso más pesado del segundo ciclo, pero recordé a mi amiga Anna y no sabía de ella. ¿Qué le habrá pasado? ¿Estará bien? Pobre de ella.

A los meses, pude hablarle y me dijo que se encontraba muy bien en Piura. “Ya volveré a la universidad” —repetía constantemente.

Hace unas semanas conversé con ella nuevamente, me había dejado un mensaje en mi muro de Facebook.

— “¿En qué horario estás?, ¿Sabes lo que trato de decir?  :D”

Le mandé un “inbox” y me dijo que sí regresaría y que iba a terminar su carrera como sea.

Comenzó el nuevo ciclo, no la encontré, le reclamé por el “chat”:

 “¿Por qué me engañaste?”

 Me respondió que estudiaría en la noche y que me tenía una súper noticia:

“Voy a ser mamá, felicítame”.

Me quedé tonta. No la felicité, sino la interrogué cual madre postiza:

— “¿Hace cuánto que no consumes?” —pregunté preocupada.

—“Hace tres días. Te juro que jamás lo haré”. – Me respondió.

— “¿Has ido a tu control? –

(Se quedó callada)

— “¿Crees que puedes hacerlo?”

–Sí. – Dijo, sin pensarlo.

Rápidamente replicó: _“¿Por qué no me felicitas? Estoy feliz.

Le dije que no creía que estaba preparada y comencé a escribirle todas las actividades que realizaría, qué pensaría, qué necesitaría, y la última pregunta fue:

_“¿Enzo lo sabe?”

–No, ni se lo pienso decir. -Dijo 

Me puse a pensar qué va a ser de ese bebé, si la marihuana afectaría a su organismo, pedí que la suerte la acompañe y que no lo haga más… ¿Podrá salir adelante sola? ¿Por qué su mamá no está con ella en estos momentos? ¿Por qué Anna? ¿Por qué el bebé? ¿Por qué?

Sin embargo, tuve que darle una oportunidad, todos podemos cambiar. Ser madre, en algunas ocasiones, sólo en algunas, te puede cambiar la vida.

Y sí, que le cambió. Además, el talento que tiene es innato y lo supo aprovechar. Quiero verla de nuevo en televisión…